Me considero una persona en la que prevalece el razonamiento lógico y tiendo a desconfiar de las afirmaciones que no pueden ser respaldadas por datos objetivos o pruebas verificables. Sin embargo, debo reconocer que en lo referente a esa "energía universal" me mantengo en un estado en el que no puedo probarlo pero tampoco negarlo.
Uno de mis primeros encuentros con algo parecido a Reiki fue con un curandero que se hizo muy popular donde yo vivía. Él no identificaba su "don" con un nombre específico, por lo que mi suposición de que fuera Reiki se basó en las similitudes de sus prácticas con lo que ahora conocemos como Reiki. Acudí a él con un absoluto escepticismo, más con la idea de confirmar que todo era charlatanería que por tener algún problema real.
Él no fijaba un precio por los tratamientos; simplemente dejaba a discreción del paciente la contribución que deseaba realizar. Al ingresar a su consulta, no formulaba preguntas sobre el motivo de la visita; sencillamente comenzaba a colocar sus manos a unos 10 cm del cuerpo del paciente y describía lo que percibía. Al mover sus manos, se podía experimentar sensaciones diversas: algunas áreas generaban una sensación similar a un chorro de aire frío, otras parecían como si se estuviera cerca de un radiador, mientras que en otras se percibía una energía comparable a la atracción o repulsión entre dos imanes. Utilizaba un lenguaje poco convencional para expresar posibles dolencias, lo que dificultaba identificar si había detectado algo similar a una úlcera o una indigestión.
En esa misma sesión, él me recomendó un tratamiento que incluían infusiones, cambios en la dieta y algún método más peculiar como colocar una cierta cantidad de patatas al pie de la cama, las cuales debían retirarse después de un número concreto ciertos días, ya que, según su teoría, absorbían las energías dañinas. Mi sorpresa fue mayúscula cuando, tras experimentar esa extraña sensación de corriente de aire y magnetismo, y seguir sus "tratamientos" para algo que desconocía, noté que dos días después de consultarle, mi menstruación fue totalmente indolora. Durante años, había sufrido dolores menstruales tan intensos que me impedían asistir a clases. Me costaba creer que alguien a quien no le había mencionado mi problema, que ni siquiera me conocía, y que simplemente había colocado sus manos cerca de mi cuerpo y me había sugerido poner unas patatas en la cama, hubiera logrado que mis dolores desaparecieran.
Ese fue mi primer encuentro con este curandero. Después de varias visitas, durante las cuales seguía buscando una explicación, finalmente podríamos decir que entablé amistad con él. Si tenía que consultar al médico, a menudo iba también donde él, y el diagnóstico médico coincidía con la descripción que él, de manera peculiar, hacía. Según él mismo explicaba, no sabía por qué yo tenía que tomar una infusión específica mientras que otra persona debía tomar otra diferente, o por qué debía llevar en mi bolsillo cinco almendras; simplemente sentía que debía ser así.
También pude observar cómo, al llevar una fotografía o simplemente solicitándole que tratara a alguien a distancia, él se concentraba en la imagen y enviaba energía desde la distancia. Los pacientes sentían esa energía en el momento exacto en que él la enviaba.
Lo que más me llamaba la atención cuando lo conocí era la energía que se percibía y que, de hecho, mejoraba la salud, aunque no pudiera dar una explicación a ninguno de los dos fenómenos. Con el paso de los años, dejó de "transmitir" esa energía, utilizándola solo para sus diagnósticos. Según explicaba, dar energía lo agotaba; era como si, en lugar de ser un mero canal para transmitirla, como ocurre con los practicantes de Reiki, estuviera utilizando su propia energía.
Pasaron varios años hasta que escuché hablar de Reiki tal como se conoce hoy en día. Fue inevitable comparar la energía Reiki con aquello que yo había experimentado años atrás.